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V. La Expiación
- Creemos que Jesucristo por medio del derramamiento sacrificial de Su sangre en la muerte expiatoria en la cruz del calvario, hizo una ofrenda completa en propiciación de todos los pecados ( Rm. 5:8-11). Este sacrificio expiatorio es único medio de salvación y es suficiente para cada individuo descendiente de Adán. La gracia expiatoria es eficaz para el pecador no responsable par nacimiento, para el justo que por alguna razón no es responsable de sus actos (Rm 4:15) y para los niños en estado de inocencia (Mr.10:14); es también eficaz para la salvación de aquellos que han alcanzado la edad de la responsabilidad y se arrepienten y creen (Lucas 24:47; Hechos 17:30).
VI. Fe
- Creemos que no hay salvación posible fuera de la fe en Jesucristo y que esa fe es un regalo Divino y sin ella es imposible agradar a Dios (Efesios 2:8; Heb 11:6) Desde la caída de Adán, ningún humano ha podido o podrá, por medio de su propia justicia y obras ganar la salvación(Efesios 2:9; Tito 3:5). El ser humano es salvado por una fe viva que es efectiva al ejercitarla con la ayuda del Espíritu Santo, la cual es garantizada cuando el corazón reúne las condiciones divinas. (Hebreos 5:9).
VII. Arrepentimiento
- Creemos que el genuino arrepentimiento cristiano consiste en el conocimiento de dolor por y una confesión voluntaria y abandono del pecado. Es traído a la luz por el conocimiento de la bondad y severidad de Dios, por medio de la verdad y el poderoso convencimiento del Espíritu Santo. Arrepentimiento es una demanda para todos aquellos que de acto o propósito han pecado contra Dios. El Espíritu de Dios brinda a todos los que se arrepienten, la ayuda de un corazón penitente y esperanza por misericordia que los llevará al perdón y vida espiritual (Mt 3:2; Rm.3:23; Cor. 7:10; Jn16:7-11; Lc.13:5; Hech.11:8).
VIII. Justificación
- Creemos que la justificación es la acción judicial y de la gracia de Dios en el cual Dios otorga completo perdón del merecido castigo por los pecados cometidos a un alma penitente que confía solamente en los méritos de la sangre de Jesucristo. (Rm.5:1 ) Este acto es absolutamente en relación a los pecados cometidos anteriormente y todos son perdonados cuando uno es perdonado.
IX. Santificación
- Creemos que las almas de los justificados deben ser purificados del pecado original o corrupción racial del corazón. Esta limpieza es lo que llamamos Santificación o ser santificado. Santificación es el acto de Dios, posterior al perdón de pecados, por medio del cual los creyentes son liberados del pecado original o depravación y son traídos al estado de total devoción a Dios y perfección a la santa obediencia del amor. Esto no es suprimir o contrarrestar el pecado original basta hacerlo inoperante, sino mas bien su destrucción o erradicación de tal forma que el creyente no solo tiene el derecho al cielo sino que es conformado a la naturaleza de Dios que disfrutará eternamente en el cielo. (1 Ts. 3:13, 5:23; Rm 6:6,18,22).
- También creemos que la Santificación es provista por medio de la sangre de Jesús (Heb 10:10, 13:12; I Pd 1:2; I Jn 1:9), y es dada instantáneamente a los que tienen fe en la sangre de Jesús, previa entera consagración ( Rm. 12:1) y de esta obra de gracia, el Espíritu Santo trae testimonio al corazón (Rm. 6:6; Gal 2:20; 2 Cor. 1:22; Heb.10:14-15).
- Más aún, creemos que esta experiencia es efectuada por el bautismo con el Espíritu Santo y es “la Santidad sin la cual nadie verá al señor” (Heb.12.14) Este es un acto de dos partes, una es la limpieza del corazón y la otra es la llenura con el Espíritu Santo que dota al cristiano de poder para servir. (Hech2.1-4; Jn 7:39, 14:16, 17:26,16:13,14; Hech 14:8,9).
X. Testimonio del Espíritu
- El testimonio del Espíritu es esa intima impresión en el alma en la que el Espíritu de Dios inmediata y directamente le brinda certeza a nuestro espíritu que las condiciones Bíblicas para salvación han sido cumplidas y la obra de la gracia de Dios en el alma es completa (Rm. 15:16). De hecho el Espíritu trae testimonio de justificación en el pecador y de santificación en el creyente (I Jn.5:10; Heb.10:14-15).